EL INDIVIDUO CREATIVO by Enric Segarra

La Creatividad es algo único e inherente a la especie humana. Imposible comprender el incuestionable progreso que la humanidad ha experimentado a lo largo de toda su historia en los ámbitos sociales, artísticos i tecnológicos (y su impacto en todo lo que hace referencia a la economía y a la creación de riqueza) sin tener en cuenta el papel fundamental que han jugado tanto la creatividad (entendida como el uso de la imaginación para generar nuevas ideas i crear nuevas cosas), como la innovación (la aplicación práctica de esta capacidad de inventiva). La invención del lenguaje, los alfabetos y los números, las herramientas, la rueda, las ciudades, las leyes, la democracia, los libros, la música, la medicina, las tecnologías que posibilitan la comunicación y el transporte, internet, etc., explican el nivel de progreso y bienestar en el que nos encontramos hoy instalados y son demostración palpable de cómo, aparentemente de la nada, han ido surgiendo todo aquello que nos rodea. En esta evolución aquí descrita, el papel del individuo creativo ha sido fundamental.

Cómo aseguramos que esta inventiva no se detiene (más bien al contrario, ¡va a más!) es  algo fundamental, pues es la única manera de preservar y, aún mejorar, los niveles de bienestar alcanzados a lo largo de tantos siglos de historia.

El fomento del espíritu creativo es, pues, el objetivo a seguir por todos; por el individuo per se porque es la manera en que nos aseguramos un lugar (y no únicamente de trabajo) en el contexto en el que nos toca vivir y, para la sociedad, porque le corresponde a ella el crear el clima que favorezca que estos individuos puedan florecer para poderse, más tarde, beneficiar de su capacidad innovadora.

En la sociedad en la que ahora nos encontramos, la de principios del Siglo XXI, a menudo escuchamos decir que precisamos de un cambio de modelo a todos los niveles. De pronto, parece como si el sistema que nos ha traído hasta aquí ya no nos permite seguir progresando al ritmo experimentado durante buena parte del siglo anterior (ver post La muerte de la innovación, el fin del crecimiento http://www.enricsegarra.com/robert-gordon-the-death-of-innovation-the-end-of-growth/ ). En este nuevo contexto, oímos decir que nos hace falta un cambio de paradigma que va asociado al agotamiento del modelo de sociedad industrial que desde el Siglo XIX, y hasta ahora, tan buenos resultados nos ha procurado. Y ligado a eso, la petición de revisión de todo el sistema educativo que, según nos dicen, todavía responde (al menos en buena parte de Occidente) al que fue la necesidad de este sistema de producción industrial masivo que nace al amparo de la revolución industrial y que ahora parece resquebrajarse; a saber, trabajadores cortados bajo un mismo patrón, intercambiables entre sí, a los que no se les exigía pensar (ni por descontado, ¡crear!), y si, seguir las instrucciones que se les daba para reproducirlas fidedignamente de la manera más eficiente posible. Este paradigma Taylorista, que “castiga” a los que se salen del sendero (a los que viven e interpretan la realidad de manera distinta a la planificada), resulta que hoy ya no nos sirve siquiera para mantener el status quo en Occidente, puesto que encontramos que otros países emergentes ya nos ganan jugando con las mismas reglas que nosotros establecimos. Nuestra productividad basada única i exclusivamente en la repetición y las economías de escala, nos deja sin posibilidades y es, aquí y ahora, donde nos damos cuenta que la única manera en la que podremos seguir adelante es haciendo cosas (productos y servicios) diferentes y haciéndolas (procesos y modelos de negocio) de manera distinta; es decir, o innovamos o nos quedamos fuera.

Y como hemos visto, para innovar hace falta ser creativo y para ello, necesitamos que las personas sigan manteniendo encendida la llama de la curiosidad, desarrollen su sentido crítico, pregunten, creen, hagan, cuestionen, se atrevan, disfruten en un entorno de cambios como el de hoy que, si algo lo define, es su ambigüedad (por lo incierto). Los individuos que necesitamos como sociedad que no quiere renunciar al progreso y a la mejora en el modo de vida, son personas completas, robustas a nivel emocional, hábiles a nivel profesional y empáticas a nivel social y medioambiental. Personas comprometidas con aquello que decidan hacer, dispuestas siempre a correr esa milla extra que el guión exige cuando sea necesaria. Y es también, este último rasgo el que hace que las empresas puedan destacar y evolucionar no importa cuan bruscos sean los vaivenes de la economía y la sociedad en la que se encuentren.

El compromiso firme del individuo para con la empresa y de ésta con el individuo resulta aquí fundamental. Un compromiso que va mucho más allá de la retórica contractual. Un compromiso que ha de nacer con aspiraciones y vocación de ser para siempre; de suma y no de conflicto. Si los individuos y las empresas que se vinculan en un principio por un motivo muy concreto son capaces de evolucionar a la par, los resultados serán espectaculares. Si la empresa sabe encontrar el encaje y es capaz de crear el clima en el que el individuo se pueda desarrollar como ser y éste no se acomoda a lo que es fácil y se hace responsable de sí mismo, obligándose a hacer frente a los nuevos retos y a hacer aflorar todo su potencial, tanto las empresas como los individuos sacarán buen rédito de ello y más importante aún, aumentarán su nivel de felicidad.

Imposible concebir una EMPRESA GANADORA sin un procedimiento (protocolo) para conducir la innovación y sin un equipo cohesionado detrás que rema con profesionalidad y convencimiento. Y esto no pasa por conseguir el consenso amable evitando el enfrentamiento; lo que queremos es precisamente que todos los puntos de vista diversos puedan salir a la luz para capitalizarlos y hacernos más fuertes.

Únicamente individuos con una confianza plena en sus posibilidades, creencias y virtudes; individuos que se hayan trabajado interiormente y hayan explorado (con la incomodidad que eso pueda conllevar) sus propios límites, podrán aportar valor. Son esos individuos formados en el conocimiento interior, flexibles como para seguir aprendiendo, conscientes de que no hay nada inmutable, creativos en el sentido más amplio posible de la palabra, los que siempre serán buscados (y valorados) por las empresas, las comunidades y las organizaciones de todo tipo, para que participen en sus proyectos.

El individuo que tratamos de evocar y educar, es libre y autónomo y es, en base a esa, su propia libertad, que escoge (y puede escoger) aquellos proyectos que le ayudarán a desarrollarse, a seguir progresando, a querer saltar la enésima valla que se le ponga delante, con la energía propia del desafío (y no porque un contrato laboral lo exija o por temor a perder la posición o el salario a fin de mes). Individuos abiertos a la experimentación desde la consciencia de que no siempre acertarán, pero con el entusiasmo y la inocencia de los que hacen las cosas por primera vez. Individuos que habrán llegado a la conclusión de que lo que resulta interesante es el proceso en sí (el camino) y no solo el resultado, sabedores que, los resultados, llegan cuando uno hace las cosas desde el convencimiento y la pasión.

Este es el tipo de persona que debemos ayudar a forjar; una bocanada de aire fresco y nuevo que disipe la atonía en la que demasiado a menudo nos encontramos inmersos. Queremos y, necesitamos individuos que se alcen pletóricos para hacer frente a lo que tenemos hoy y a lo que traiga el mañana, sea lo que eso sea.

Y para que este tipo de individuos puedan dar el máximo en las organizaciones en las que les tocará trabajar, será condición imprescindible que éstas abracen una manera de hacer que les conduzca a obtener resultados innovadores para lo cual hará falta instaurar un protocolo de actuación que fomente la creatividad y el espíritu innovador http://www.enricsegarra.com/how-to-nurture-creativity-and-innovation-across-the-organization/ 

Ni individuos ni empresas pueden escurrir el bulto y confiar en la providencia. La situación exige dar un paso al frente a todas las partes implicadas.