EL FUTURO QUE NOS ESPERA por Enric Segarra

A lo largo de los últimos años y coincidiendo con esta profunda crisis que nos azota, se ha abierto un acalorado debate sobre qué futuro que nos espera. De una parte están los que defienden que hemos entrado en un período de estancamiento económico y en el que a diferencia de lo que ocurrió en el S.XX no podemos esperar grandes mejoras en la productividad, en los resultados, ni mucho menos en el empleo (con todo lo que esto supone a nivel social) y aquellos que son llamados tecno-optimistas, que vaticinan que estamos a las puertas de una era ilusionante y esperanzadora en la que, el progreso se va a impulsar hasta cotas jamás vistas antes en la historia de la humanidad. Tal es el pensamiento de los autores del libro The Second Machine Age, Erik Brynjolfsson y Andrew MacAfee (pueden hacerse una idea del mensaje que subyace viendo el TED Talk “The key to growth? Race with the Machine”      http://www.ted.com/talks/erik_brynjolfsson_the_key_to_growth_race_em_with_em_the_machines#t-13605) y el de otros como Peter H. Diamandis y Steven Kotler con su best-seller Abundance (al que me referí en mi post http://www.enricsegarra.com/abundancia-el-futuro-es-mejor-de-lo-que-piensas-by-peter-h-diamandis-steven-kotler/), Jeremy Rifkin en su reciente The Third Industrial Revolution o Juan Martínez-Barea en El Mundo que viene. Detrás de todos ellos, un mismo mensaje; la innovación que, sustentada en las nuevas tecnologías, cambiará definitivamente nuestras vidas. Si dejamos ahora a un lado disquisiciones como las que plantea el economista Robert Gordon (les sugiero que vean su TED Talk “La muerte de la innovación, el fin del crecimiento”  https://www.ted.com/talks/robert_gordon_the_death_of_innovation_the_end_of_growth?language=es) al cuestionar el valor de las innovaciones de hoy frente a las ocurridas en los pasados 150 años con un sencillo ejemplo en el que compara el valor de un inodoro frente un i-phone o Facebook (presentando éstas últimas como el tipo de innovación rutilante de la nueva economía), lo que está claro es que cada revolución acaecida se ha saldado con un gran incremento del nivel de vida de los individuos y que, por tanto, no hay porque pensar que bajo esta nueva revolución digital en la que nos encontramos, eso vaya a ser diferente y que eso, debería hacernos ver el futuro con un cierto optimismo. Aunque, como siempre, algunos vayan a salir perdiendo con ello del mismo modo que, imagino, los escribientes no les debió gustar demasiado la aparición de la imprenta, a los fabricantes de plumas clásicas, la aparición del bolígrafo o a los fabricantes de máquinas de escribir la aparición del procesador de textos por citar sólo tres ejemplos A algunos, esa tecnificación del mundo que se nos dice se avecina, se les va a atragantar, porque o bien eres arte y parte de esa nueva era, o en el mejor de los casos lo que te espera es el quedarte a un lado del sistema en una situación precaria.

No hay duda pues, que nos esperan tiempos apasionantes por los cambios que las nuevas tecnologías nos deparan y que esos cambios aportarán un mayor bienestar al conjunto de la sociedad que va a beneficiar, especialmente, a aquellos que estén bien preparados, no le tengan miedo al cambio y se adapten rápidamente y dejen de esperar que sean los gobiernos los que deben procurarles su bienestar. Probablemente aquellos que sean capaces de crecer(se) ante el escenario que se nos dibuja para los próximos años, serán los que puedan disfrutar del que se nos presenta hoy, como uno de los momentos cumbre de la historia de la humanidad, pero, no hay duda, mejor nos preparamos porque vienen curvas en lo económico, en lo social y, sin duda, en lo político. Y más vale que esos augurios positivos se cumplan porque de no ser así, pintan bastos.